
El Patrimonio Cultural tiene como una de sus funciones claves establecer las conexiones claves que propician las relaciones entre los miembros de una misma comunidad. Se trataría de establecer puentes de unión en todas las especificaciones y matices que abarca el Patrimonio Material e Inmaterial. Teóricamente este criterio fortalecería los lazos de unión y se conformaría como característica identitaria propia, así como señal identificativa respecto a otras sociedades. Sin embargo esto no siempre es así, siendo en ocasiones justamente lo contrario. Las ideologías políticas, las creencias religiosas, las costumbres y tradiciones culturales, los espacios monumentales y su uso pueden producir una disparidad en la coexistencia colectiva e individual que dinamita cualquier posibilidad de entendimiento.
La particularidad del caso español es paradigmática de estas claves, hasta el punto de casi poder hablar de un país fallido en términos sociales y antropológicos. A pesar de ser una nación con siglos de historia común, con una configuración territorial coherente al entendimiento de las culturas que han pasado o se han asentado en su territorio, vivimos uno de los momentos más críticos de su trayectoria. Los ecos del trágico conflicto civil que nos asoló junto a una larga dictadura y una cuestionable transición todavía alientan el enfrentamiento izquierda-derecha. La memoria histórica no resuelta, la religiosidad y la laicidad junto a culturas y creencias externas inmigratorias, o los diferentes gobiernos y Jefatura de Estado parecen vivir un modo de inestabilidad y quiebra permanente. Además a este clima de tensión y pese a tener un modelo territorial con amplias competencias autonómicas, se añade el riesgo real de una fractura social múltiple con un desmembramiento propiciado por errores comunes pero especialmente por la actuación de nacionalismos periféricos de los últimos años.
Esta conferencia permite destacar ejemplos del mal uso patrimonial en estos temas conflictivos que o bien distancia la ciudadanía con marcada intencionalidad o simplemente no plantean ninguna resolución operativa. La Educación en general y el Patrimonio Cultural en particular, deberían no ser un arma arrojadiza sino una base de construcción, en cualquier caso un cruce de caminos sujeto a una dialéctica constructiva y no a parálisis o trabas de los espacios comunes.
Sergio Villalba